Mochila

Por Juan Pérez Torralbo – @juanpt

¿Cuantas veces, desde hace muchos años, hemos sido testigos en la calle y a través de los medios de comunicación de comentarios y estereotipos peyorativos hacia los y las jóvenes? : “Los jóvenes no son emprendedores”, “No les echamos de casa ni con agua hirviendo”, “Solo piensan en divertirse”, “Los jóvenes no leen”, etc…

Parece, paradójicamente, que los males que padece la sociedad tuvieran su único origen precisamente en el colectivo a quienes más afectan. Lo más curioso es que estos comentarios en ocasiones vienen de personas cuyas generaciones no se caracterizan precisamente por haber creado empresas, por haber sido críticos o solidarios cuando la situación lo requería o por haber tenido que pagar hipotecas de 30 años o más. Pero se tiene la mala y equivocada costumbre de echar la culpa  a los/las jóvenes de casi todo.

Aparte del error que supone generalizar, la cuestión es que en la mayoría de las ocasiones también resulta injusto culpar o responsabilizar a un colectivo de los problemas, estructurales o no, que padece desde hace tiempo toda una sociedad. Cada vez que alguien dijese “los jóvenes no son personas emprendedoras” debería previamente preguntarse si él o ella misma lo es o si su generación globalmente lo ha sido.

La juventud es parte de la sociedad (por cierto, casi la cuarta parte en población), no un planeta lejano. Y es sobre todo, un reflejo de lo que ocurre en la sociedad “adulta”. Quizás quien emite o repite sin reflexionar todos estos clichés sobre las personas jóvenes (ya conocemos el dicho: “difama que algo queda…”) debería preguntarse por qué razón las cosas son como son y qué se puede hacer para mejorar, en lugar de culpabilizar sin derecho a réplica.

Las personas jóvenes quieren y necesitan oportunidades reales que ayuden a superar estas situaciones y prejuicios hacia ellos/ellas.

Como hemos dicho en otras ocasiones; es un tópico mil veces repetido, pero no deja de ser cierto: como sea la juventud, así será la sociedad del futuro.